Durante décadas, el bajo permaneció relegado al fondo de la música popular, como el cimiento sobre el que se construía una canción, pero rara vez como protagonista. Solo unos pocos músicos lograron que hablara con voz propia. Uno de los mejores ejemplos del siglo XXI es Thundercat. Su música suena como si el jazz, el funk, el soul y el pop cósmico se hubieran encontrado en una habitación y hubieran decidido quedarse allí durante horas.
Su verdadero nombre es Stephen Lee Bruner y procede de Los Ángeles. Creció entre músicos, con un padre que tocaba la batería para Diana Ross. Ya de joven se valoraba su extraordinaria técnica con el bajo de seis cuerdas. Antes de grabar sus propios discos tocó en la banda de metal Suicidal Tendencies, algo que dice mucho sobre la amplitud de su horizonte musical. El episodio metalero no es una nota al pie casual. Su manera de tratar el instrumento conserva la energía de los solos de guitarra y de la interpretación progresiva.
La colaboración con Flying Lotus le dio un reconocimiento más amplio. Alrededor del productor se había formado todo un entorno de artistas que conectaban la música electrónica, el jazz y el hip-hop. Allí desarrolló Thundercat su estilo característico, transformando el bajo, de esqueleto rítmico, en un instrumento melódico, capaz de sostener una canción casi como una voz.
Ingravidez con raíces profundas
Álbumes como Drunk e It Is What It Is lo muestran de maravilla. El bajo rodea sin cesar la melodía, aparece en lugares inesperados, a veces se adelanta al ritmo y otras lo estira. La música parece flotar. El groove está presente sin resultar pesado, como si el grupo entero tocara en condiciones de ingravidez parcial.
Esa ligereza cósmica tiene raíces muy concretas. Thundercat bebe generosamente del funk y el soul de los años setenta, con ecos de George Duke y Herbie Hancock. Todo pasa por una sensibilidad contemporánea de Los Ángeles, donde el jazz se encuentra con el hip-hop, la electrónica y la cultura de internet.
Su aportación a To Pimp a Butterfly, de Kendrick Lamar, marcó otro momento esencial. En temas como Wesley's Theory y These Walls, su bajo ayudó a construir uno de los proyectos más ambiciosos del hip-hop contemporáneo y reveló la fuerza de un instrumento condenado durante mucho tiempo a la sombra.
Música seria, absurdo absoluto
Resulta fascinante la capacidad de Thundercat para combinar aparentes opuestos. Posee un conocimiento y una técnica inmensos y se mueve con libertad por el jazz y la armonía compleja. Pero sus canciones también pueden ser de una ligereza desarmante y completamente absurdas.
Las letras hablan de anime, videojuegos, noches solitarias con un gato y sus propios errores. La sofisticación musical convive con el humor cotidiano, lo que impide que la obra se vuelva pomposa. La línea de bajo más compleja puede dar paso de pronto a una broma o a un comentario autocrítico.
Eso es precisamente lo que mantiene humana esta música. Mientras muchos virtuosos tratan la técnica como un fin en sí mismo, Thundercat recuerda que la música puede ser profundamente seria y por completo desenfadada a la vez, hablar de soledad, amistad y pérdida mientras guiña un ojo a quien escucha.
El groove cósmico de Los Ángeles
Los Ángeles durante las dos últimas décadas es un contexto esencial. Allí los artistas comenzaron a combinar la improvisación jazzística con el hip-hop y el sonido electrónico. De los clubes y los pequeños estudios surgió una música que no encajaba en ninguna categoría sencilla.
Thundercat es una de las voces más importantes de ese entorno. Sus discos parecen sesiones nocturnas en las que los músicos se conceden una libertad total. Las estructuras de las canciones se aflojan, las transiciones llegan sin aviso y las melodías cambian de rumbo de repente. Sin embargo, el conjunto nunca se deshace en fragmentos arbitrarios, porque un bajo pulsante y característico lo mantiene unido.
Esta apertura captura el espíritu de la escena alternativa contemporánea, experimental pero profundamente arraigada en las tradiciones de la música afroamericana.
Un bajo que habla con voz propia
El instrumento sigue siendo su mayor fuerza. En manos de Thundercat, el bajo de seis cuerdas abandona la sección rítmica y se convierte en narrador, guía la melodía, responde a la voz o crea un terreno delicado sobre el que la canción puede respirar.
Esa es la verdadera cualidad cósmica. No se trata de efectos futuristas, sino de espacio, de la impresión de que los sonidos flotan libremente sin quedar atados a un único género o tradición.
Thundercat demuestra que en la música popular todavía hay lugar para la valentía, el humor y el virtuosismo instrumental. El bajo puede salir de la sombra y sostener toda la historia.













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