Foto: Ryszard Horowitz, portada de Z rozmyślań przy śniadaniu, 1997.
Recuerdo con absoluta precisión un viaje en tren.
Era el verano de 2001. Las vacaciones acababan de empezar. Había terminado la escuela primaria y, aunque todavía tenía doce años, notaba con claridad que algo terminaba y algo más comenzaba. No cumpliría trece hasta septiembre, pero aquel verano ya era distinto de todos los anteriores.
Llevaba un Walkman en el bolsillo.
Dentro, una cinta de Myslovitz: Z rozmyślań przy śniadaniu, es decir, "Reflexiones durante el desayuno".
Viajaba a un campamento de verano, quizá en Tylicz o tal vez en Žacléř, en la República Checa. He olvidado el destino exacto, pero recuerdo el trayecto.
El tren olía a metal, polvo y tapicería vieja. Yo estaba sentado junto a la ventana y veía cómo el paisaje se desplazaba despacio al otro lado del cristal: prados, campos, bosques y pequeñas estaciones donde el tren se detenía apenas un instante.
Myslovitz sonaba en los auriculares. La cinta siseaba un poco, como hacían las cintas. Por debajo llegaba el ruido rítmico de las ruedas sobre los raíles. De pronto todo encajaba, las imágenes, la música y la monotonía del viaje.
Se creaba una sensación idílica. El aire cálido del verano, el sol de julio y agosto y una música que sonaba como la banda sonora de una vida corriente.
El álbum que cambió a Myslovitz
Publicado el 6 de octubre de 1997, Z rozmyślań przy śniadaniu fue el tercer álbum de Myslovitz y el momento en que el grupo encontró de verdad su propio lenguaje.
La formación estaba integrada por Artur Rojek, Wojciech Powaga, Przemysław Myszor, Jacek Kuderski y Wojciech "Lala" Kuderski. Andrzej Smolik y Tomek Bonarowski también participaron y aportaron espacio a la música.
Tras dos discos, Myslovitz seguía siendo un grupo muy guitarrero y a veces áspero, arraigado en el rock alternativo de los años noventa. El tercero trajo algo distinto. El sonido se volvió más espacioso y melódico. Las guitarras seguían siendo importantes, pero había más aire, sutileza y lugar para la atmósfera.
Fue un paso hacia el estilo que estallaría unos años después en Miłość w czasach popkultury, "Amor en tiempos de cultura pop".
La imaginación cinematográfica
El rasgo más singular del disco es la manera en que describe el mundo. Ya los títulos parecen fragmentos de un guion: Scenariusz dla moich sąsiadów, Filmowa miłość, Myszy i ludzie, Wielki błękit.
La música de Myslovitz de esta época posee una cualidad cinematográfica. Las canciones se desarrollan lentamente, como escenas, y ofrecen imágenes, pequeñas situaciones y fragmentos de vida cotidiana.
Esto se acerca más al cine que al rock.
La banda nunca ocultó sus inspiraciones cinematográficas y citaba el cine europeo y estadounidense, desde David Lynch hasta Cinema Paradiso. Esa sensibilidad impregna todo el álbum. Escucharlo es como contemplar historias de gente corriente, los héroes de la vida diaria.
Artur Rojek y la poesía de los días corrientes
Las palabras de Artur Rojek siempre fueron uno de los grandes puntos fuertes de la banda. No son grandilocuentes ni innecesariamente complicadas. Su poder reside en la capacidad de detener el tiempo por un instante.
Rojek observa el mundo como desde la ventana de un autobús o un banco del parque. A sus canciones llegan pequeñas escenas, gestos aislados e imágenes en apariencia insignificantes.
Alguien va en bicicleta.
Alguien cruza la calle.
Alguien arroja una moneda a una fuente.
De pronto aparece un sentido dentro de esos fragmentos de un día corriente. La escritura se parece a una sucesión de planos.
Z rozmyślań przy śniadaniu es un álbum de momentos entre acontecimientos, cuando alguien está sentado a la mesa, mira por la ventana y empieza a pensar.
Las canciones esenciales
Scenariusz dla moich sąsiadów, "Un guion para mis vecinos", se convirtió en una de las canciones más reconocibles del grupo. Es una reflexión irónica sobre la gente ansiosa por asomarse a la vida ajena. El narrador ofrece una solución. Si todos quieren contemplar su existencia cotidiana, quizá bastaría con proyectarla en una pantalla. Era una canción sobre la privacidad escrita mucho antes de las redes sociales.
Zwykły dzień, "Un día corriente", describe pequeñas escenas urbanas, rituales diarios y momentos en apariencia irrelevantes. Habla de la rutina, pero también de la imaginación, de la posibilidad de que un día corriente se convierta en una historia.
Myszy i ludzie, "De ratones y hombres", remite a la novela de John Steinbeck. Las personas intentan superar sus limitaciones y sueñan con un mundo mejor. Musicalmente, es uno de los pasajes más hipnóticos del álbum.
Filmowa miłość, "Amor de película", es una pieza breve y atmosférica en la que el amor se convierte en guion, una historia que termina pero permanece en la memoria como una película vista tiempo atrás.
Wielki błękit, "El gran azul", es una de las composiciones más espaciosas del disco, inspirada en el mar, el cielo y la inmensidad dentro de la cual una persona se vuelve muy pequeña.
Entre el underground y la popularidad
A finales de los años noventa, Myslovitz ocupaba dos mundos. Era una banda alternativa, mientras Sony Music empezaba a ver el potencial para algo mayor. Un presupuesto más amplio trajo más promoción y también más presión.
Los músicos recordarían después las tensiones en torno al sonido y la dirección del grupo. Paradójicamente, la mezcla de ambición y desacuerdo produjo uno de los álbumes más interesantes del rock polaco de aquella década.
Vendió unas 50.000 copias y obtuvo el disco de oro. El enorme éxito comercial todavía estaba por llegar, pero el rumbo ya había quedado fijado.
El legado del disco
Aunque Myslovitz alcanzó su mayor popularidad con Miłość w czasach popkultury, este álbum anterior mostró cómo podía sonar la música alternativa polaca. Demostró que la música de guitarras podía ser a la vez melódica, reflexiva y llena de melancolía.
Para muchas bandas de comienzos de los años 2000, Myslovitz se convirtió en un punto de referencia. Mostró que el ambiente, la imagen y el silencio entre sonidos importan en el rock tanto como los riffs. En cierto sentido, el grupo ayudó a crear el lenguaje de la música alternativa polaca para un nuevo siglo.
Un disco al que se regresa
Para muchos oyentes, Miłość w czasach popkultury sigue siendo el álbum esencial de Myslovitz. Sin embargo, Z rozmyślań przy śniadaniu es el lugar donde todos los elementos empezaron a encajar.
Es un disco de transición.
Entre la juventud y la madurez de la banda.
Entre la rebeldía de las guitarras y la reflexión melancólica.
Entre los bloques de viviendas y el cine.
Para mí, siempre será el álbum de aquel verano.
El verano de 2001.
Una cinta en un Walkman.
Un viaje en tren a través de paisajes verdes.
Y una luz del sol tan intensa que parecía que nunca terminaría.













Comentarios
0